No puedo volver
la vista atrás
sin arrancarle los ojos
a lo que aún me mira.
Vienen por detrás.
Con la lenta seguridad del que conoce el futuro.
Sentir manos cerca del cuello. Y no saber si acarician,
ahorcan
o avisan.
En todo caso será hora de
mirar el reloj
y hacerse a un lado de la vida ansiosa,
desesperada,
urgida,
necesitada de sobresaltos,
de gestos de miedo
y de beber nuestra adrenalina
usando nuestros ojos como
cubitos de hielo.