Multaban al gorrión por desafinar cuando, con pico torvo, soltó:
—¿Y qué hay de la calandria en la mañana?
—Son cosas distintas —mientras seguía anotando.
—No somos "cosas".
—Bueno, pero el caso es que deberé proceder.
—Ah, veo. Somos "casos".
—¿Sabe?, todo iría mejor con el pico cerrado.
—¿No lo sabe?, nadie afina en el silencio.
—¿No lo sabe?, nadie afina en el silencio.
—Sí. Se puede afinar en sueños.
—Tiene razón. Mándeme allí, entonces, esa multa.
—Tiene razón. Mándeme allí, entonces, esa multa.
—¿Lo encontraré?
—Por supuesto, —suspiró el gorrión— jamás falto a mis pesadillas.
—Por supuesto, —suspiró el gorrión— jamás falto a mis pesadillas.