lunes, 5 de enero de 2026

Llorar su madrugada anfibia


Son canciones.
La emoción anfibia puede buscar sus manos sin que el susurro de la luz de la Luna le indique la hora. (Con todo ese polvo blanco). En el borde o en lo alto. No tendría interés en definir los colores de ese último cielo atravesado. Anfibia. Entonces letra y música son manos que acarician horas en madrugadas. 
Son relieves. 
En cada color un espasmo símil insulto hacia la hora. Que no es hora. Que no es voz de Luna susurrada. Es que exista. (Con todo ese tiempo blando). El cielo entiende las canciones y simula distraerse cuando la emoción le llora sus manos.
—Por más anfibia que sea, en el borde o en lo alto, todas las horas de esa madrugada son mías.


sábado, 3 de enero de 2026

Mientras las campanas


Yo sé de dónde viene.
Es breve el fulgor de una raíz,
pero he estado izando mis manos,
de frente al ocaso,
y ahora veo esos nombres a través de la piel.

El día de la sonrisa
fue un abrazo que duró algo más de tres años.
Los deseos se rezaban una fe
de plegarias cómplices,
siempre en dioses de ruedas y rutas.

Hubo que negar el exorcismo
como le cerramos siempre los ojos a lo fatuo
porque,
es fácil tejer demonios en el silencio
mientras las campanas nos incendian 
un beso tras otro.

Y nos fuimos, en una última vez,
como descarrila cualquier credo
que entienda el ateísmo vacío
que brilla en la noche de tu pecho. 

viernes, 2 de enero de 2026

P.


Algo más de veinte años
acaban de pasar
y ese paraguas, tirado en la vereda,
me sigue haciendo sonar
tu nombre mudo en mi boca sin tiempo. 

Sé que me iré alguna madrugada,
que también terminará por pasar,
y sé que me llevaré tu nombre,
contrabando de la única fiesta posible
de la vereda que dejamos desierta.