Son canciones.
La emoción anfibia puede buscar sus manos sin que el susurro de la luz de la Luna le indique la hora. (Con todo ese polvo blanco). En el borde o en lo alto. No tendría interés en definir los colores de ese último cielo atravesado. Anfibia. Entonces letra y música son manos que acarician horas en madrugadas.
Son relieves.
En cada color un espasmo símil insulto hacia la hora. Que no es hora. Que no es voz de Luna susurrada. Es que exista. (Con todo ese tiempo blando). El cielo entiende las canciones y simula distraerse cuando la emoción le llora sus manos.
—Por más anfibia que sea, en el borde o en lo alto, todas las horas de esa madrugada son mías.