sábado, 3 de enero de 2026

Mientras las campanas


Yo sé de dónde viene.
Es breve el fulgor de una raíz,
pero he estado izando mis manos,
de frente al ocaso,
y ahora veo esos nombres a través de la piel.

El día de la sonrisa
fue un abrazo que duró algo más de tres años.
Los deseos se rezaban una fe
de plegarias cómplices,
siempre en dioses de ruedas y rutas.

Hubo que negar el exorcismo
como le cerramos siempre los ojos a lo fatuo
porque,
es fácil tejer demonios en el silencio
mientras las campanas nos incendian 
un beso tras otro.

Y nos fuimos, en una última vez,
como descarrila cualquier credo
que entienda el ateísmo vacío
que brilla en la noche de tu pecho. 

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