Algo más de veinte años
acaban de pasar
y ese paraguas, tirado en la vereda,
me sigue haciendo sonar
tu nombre mudo en mi boca sin tiempo.
Sé que me iré alguna madrugada,
que también terminará por pasar,
y sé que me llevaré tu nombre,
contrabando de la única fiesta posible
de la vereda que dejamos desierta.
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