Hay un tiempo inmóvil
donde los segundos tropiezan
y, antes de entregar
el pasado hacia el futuro,
se miran,
sin medida,
con la pregunta palpada
en la desazón de la oscuridad.
Hay cirugías que envuelven luz,
(extirpando en frío médulas pasadas),
con el segundo más acabado en filo de nostalgia.
Si el primero está en tus brazos,
la cicatriz del segundo (que horadó tus huellas)
parpadea inerme por cada recuerdo oscuro.
Hay un credo final,
que extiende tus deseos más ciegos
a través de la garganta inmóvil
del grito más seco
de todo futuro.
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